Squizophrenia
Crónica de una transformación
CAP. I - ENTRADA 33
Problemas de salud
Día 19 – 23:10 P.M. | A 347 días para la transformación
La habitación gira a mi alrededor.
La mezcla de alcohol y medicamentos no es buena, nunca lo ha sido. Gracias al maravilloso transcurso de acontecimientos del día de hoy, he bebido más de lo debido durante la cena. Tres cervezas y un par de copas de whisky Glenfiddich para rematar la jugada, más dos pastillas de diazepam, han dejado mi sistema neurológico al borde del K.O.
Durante toda la tarde, mi mujer ha evitado mi presencia. Huye de mi compañía al igual que uno huye de algún peligroso insecto volador cuando lo ve aproximarse. Sus respuestas son cortas, secas, y sus preguntas son inexistentes. Mis hijas imitan como un inocente juego a su madre, pues no se han acercado a mí en ningún momento del día. El dolor ha sido mi único compañero, y no es precisamente una compañía grata.
Me levanto corriendo de la cama y acudo al cuarto de baño. Un intenso ardor en el esófago me indica que la bilis está a punto de hacer aparición. Me arrodillo frente al retrete y hundo la cabeza en él. Grandes arcadas exprimen hasta la última gota del contenido de mi estómago. Mientras vomito, pienso en la triste escena que protagonizo en este mismo momento: de rodillas, con lágrimas en los ojos, hundido en la miseria.

Una mano en mi hombro izquierdo me alerta de que me hallo en compañía de mi mujer:
- ¿Qué te pasa? – me pregunta, mientras me mira con cara de preocupación.
- Mmm, creo que me ha sentado mal la cena. Pero ya ha salido todo…
- ¿Te preparo algo?
- No, no tengo ganas de nada, cielo. Sólo de irme a la cama a dormir. Ya se me ha pasado – le contesto, mientras me dirijo al lavabo a enjuagarme la boca.
Termino de asear mi dolorida y (también) pestilente boca y me enjuago la cara. Me dirijo nuevamente al dormitorio y me acomodo frágilmente en mi lado de la cama. En la intimidad de la noche, le digo a mi mujer que la quiero.
El silencio es mi única respuesta.
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CAP. I - ENTRADA 32
Problemas de salud
Día 19 – 13:50 P.M. | A 347 días para la transformación
Impasible, me dirijo hacia los servicios reservados para los trabajadores de la empresa. Creo que por hoy ya he sido demasiado tolerante. Mi ignorante, analfabeto y desgraciado responsable, se ha empeñado en destinar las tareas más sucias y degradantes en mi persona. Tareas que incluso escapan a mi competencia profesional, ya que consisten en limpiezas “a fondo” y demás derivados. Aún puedo decir que tengo suerte, pues podría ocurrírsele el enviarme a desatascar lavabos. Debo permanecer tranquilo y tener paciencia; ya llegará el momento.
La sanción impuesta sobre mí me obliga a acatar las órdenes de mi superior, siempre y cuando no sean completamente irrelevantes, bajo pena de ser expulsado de la empresa sin salario por un periodo máximo de treinta días, según la gravedad de mi comportamiento. Debido a ello, he decidido permanecer sumiso a las órdenes del responsable de mi sección. Me encuentro totalmente a su merced durante tres meses, el tiempo fijado por los estatutos de la empresa para que la sanción sea revocada. Sólo tres meses: después, ya veremos.
Me lavo las manos y la cara con agua fría y refresco mi boca con la misma. La jornada de hoy ha tocado a su fin. Varios compañeros se hayan en el interior del lavabo. Intento permanecer normal, incluso simpático, a pesar de que no siento ningún tipo de aprecio hacia ellos. Aquí, las apariencias son lo primero, las personas vienen después.
Camino hacia el exterior a través de un estrecho pasillo que une los aseos con la zona de taller de la empresa y el exterior. Salgo hacia fuera y enciendo un cigarrillo. El sol comienza a calentar, a juzgar por la sensación térmica que percibe mi cuerpo; o quizás mi cuerpo comienza a enfriarse, sin duda a causa del dolor al que es sometido. Sea como sea, el cielo luce radiante y despejado sobre mi cabeza. Un buen día, meteorológicamente hablando.
Con la señal acústica de fin de turno retumbando en mis oídos, me encamino los vestuarios para trabajadores, en un edificio anexo a la planta de producción. Hoy no tengo apetito, así que decido cambiarme de ropa directamente y marcharme inmediatamente de la maldita fábrica.
Abro mi taquilla. De inmediato, observo que mis pertenencias han sido removidas. Una fuerte oleada de calor invade mi rostro. Directamente, introduzco la mano derecha en uno de los bolsillos de mi chaqueta y extraigo mi billetera. La examino. La vuelvo a cerrar con un feroz movimiento. Los únicos tres billetes que se encontraban en su interior han desaparecido, y con ellos, mi agotada paciencia. De una brutal patada, la puerta de la taquilla sale despedida tres metros más allá de su abisagrado origen.
Docenas de miradas se posan sobre mí.
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CAP. I - ENTRADA 31
Problemas de salud
Día 19 – 00:36 A.M. | A 347 días para la transformación
Dolor, preocupaciones, rabia, frustración, voces, sangre, sanciones, status, pastillas y más, más dolor. Mi cabeza no cesa en su empeño por torturarme: “¿Por qué lo has hecho? ¿Qué has hecho? ¿Cuándo volverás a hacerlo?”. Una y otra vez, los mismos pensamientos martillean mi cansada mente mientras, a mi lado, mi esposa duerme, a juzgar por su entrecortada respiración. No es posible que esta situación se haya dado en nuestra vida. No lo comprendo.
(mabus… mabus… mabus…)
Necesito dormir; reponerme de lo que sea me está sucediendo. Necesito amar y ser amado. Necesito sentir la olvidada sensación de no padecer dolor en ninguna parte de mi cuerpo. Lo necesito urgentemente.
Poco a poco, me voy sumiendo al sueño. Los ocasionales suspiros procedentes de mi compañera de cama destrozan mi alma con cada aparición. Mi corazón comienza a decelerar. La tensión de mi castigado cuerpo comienza a aliviarse. Escucho la caldera de gas ciudad accionándose. Escucho el aire atrapado en los radiadores de la calefacción luchando por salir. Escucho una cisterna abrirse en un piso inferior. Escucho el viento soplando en el exterior. Recuerdo una voz lejana. No cesa en repetir lo mismo, otra vez:
(mabus… mabus… mabus…)
Dormir y olvidar, no importa el orden.
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